lunes, 24 de octubre de 2016

Sputnik Mi Amor- Haruki Murakami




Lo he dicho muchas veces y lo vuelvo a repetir: soy un lector incondicional de Murakami. Me gusta casi todo lo que escribe (algunos libros más que otros), y esto tiene mucho que ver con su estilo particular, que no puedo describir, y esa tendencia de adentrarse en el pozo interior de sus personajes. Pero, especialmente, Murakami me seduce por aquel toque indiscutible de surrealismo literario que utiliza en todas sus obras, el cual maneja a la perfección.

Cada año parece que me postro con más fruición ante las obras de corte surrealista u onírica; de esas novelas que involucran al lector, que juegan con su percepción de las cosas simples y le hacen adentrarse en universos literarios más allá de toda realidad conocida. 

Tal es el motivo por el que soy un incondicional de autores como Borges, Cortázar, García Márquez con su "Cien Años de Soledad", Paul Auster, Kafka, Saramago, Bradbury, Lewis Carroll, Georges Perec, entre muchos otros.

Hoy les traigo mi reseña de una de las novelitas más cortas del popular novelista nipón (ese eterno candidato al nobel) y desde ya les digo que será una reseña muy favorable, pues Sputnik Mi Amor me ha recontraencantado.


La Historia

Arrancamos con dos personajes: el narrador (del cual nunca sabremos su nombre) y la despistada y rebelde Sumire, de quien el narrador está enamorado. Es, sin embargo, un amor no correspondido, pues Sumire parece tener solo una cosa en la cabeza: ser escritora.



Sumire es -como cabe esperar de casi todas las escritoras jóvenes- una chica extravagante, con algunas trancas emocionales y un aspecto medio desaliñado que compenetra con opiniones del mundo bastante contradictorias. Sumire se desvive absolutamente por sus aspiraciones literarias, deseosa de convertirse en la nueva "Kerouac" de las letras.

Vamos, una típica aspirante de escritora joven a la que le obsesiona el movimiento literario beatnik creado por los rebeldes y sexualmente activos Allen Ginsberg y Jack Keroac en la Norte América de los 50.

Hasta ahí todo bien, un poco cliché, pero con una introducción interesante de estos dos personajes. Todo bien hasta que entra en escena la atractiva, adinerada y enigmática Myu, y desde aquí la novela hace una voltereta, se cambia de ropa y tuerce la trama en una dirección mucho más enrevesada, lo cual la hará difícil de soltar.

Lo que ocurre es determinante para la vida de estos tres personajes: Sumire se enamora perdidamente de Myu, quien a su vez arrastra a su paso un fatal y trastocado pasado que tendrá una relevancia absoluta en el clímax de los capítulos finales.

Los personajes

Para los lectores habituales del nipón, los personajes siempre son complejos y profundos; no suelen tener una faceta de héroes, ni ser extremadamente inteligentes o poseedores de grandes particularidades físicas o intelectuales (salvando ciertas excepciones de ciertos libros) Vamos, gente común. Pero lo que los define es su evidente soledad. Murakami siempre nos habla de la soledad interna de los seres humanos. Quién quiera leer a Murakami, debe tenerlo claro: todos sus libros llevan impregnado un análisis profundo de la soledad y el desarraigo social en menor o mayor medida.

Por tanto, los personajes de Sputnik Mi Amor no se quedan atrás. De hecho, este libro derrocha melancolía y soledad en cada una de sus páginas. Tanto el narrador como Sumire y Myu están solos. Se sienten solos, perdidos y errabundos. Son inseguros y no saben muy bien lo qué hacen ni hacia donde van en realidad. Apenas tienen plena consciencia de sus sentimientos.

Son personajes sobrecogedores que están en un constante dilema consigo mismos; que se tambalean entre dos mundos paralelos y buscan algo que parecen haber perdido en algún momento. Pero qué no saben a ciencia cierta qué es.

Mi opinión del libro

Empezaré por los personajes.

Resulta que el personaje que más me ha ganado es el narrador. Ese narrador sin nombre del que a veces quisiéramos saber más cosas. Es no solo el mejor amigo de la excéntrica Sumire y al único al que ella es capaz de desnudar todas sus inseguridades y secretos (al punto de llamarlo a menudo muy tarde en la madrugada, desde cabinas telefónicas), sino también el hilo conector de todas las subs-historias que se nos van presentando en la novela. 

El narrador es un personaje humilde, pero muy racional, que a veces nos conmoverá y con el que empatizaremos todo el tiempo. En un momento, él mismo se mete en la historia y pide permiso para hablar de sí mismo:


"Voy a hablar un poco de mí.
Ya sé que esta es la historia de Sumire, no la mía.
Pero es a través de mis ojos como se presenta a un ser humano, a Sumire, y es a través de ellos como se desgrana su historia, así que me parece hasta cierto punto necesario explicar quien soy"

Me gusta esta parte porque nos hace conectar de inmediato. Nos recuerda que todos las historias tienen un narrador. Porque omnisciente o no, el narrador es quien teje las palabras, dándoles sentido y propósito. En este caso, el narrador es un personaje tan complejo como Sumire y Myu. Y el yugo de su existencia es amar a Sumire sabiendo que jamás será correspondido.

Después del narrador, quién más me gusta es Myu, esa mujer misteriosa, dueña de una empresa de vinos, de quien se enamora Sumire. Me gustó sobre todo el impresionante trasfondo del personaje. Un trasfondo que no voy a destripar aquí, pero que es para dejar a cualquiera con la boca abierta. Vaya historia carga Myu sus espaldas. 

Y por último, Sumire. Me ha caído muy bien Sumire, aunque me resulta algo más predecible su desarrollo, lo que no quiere decir que sea malo. Se palpa el desarrollo del personaje a lo largo de la trama, llegando a ser capaz de ir dejándolo todo atrás -incluso su mayor sueño-, por irse con aquella mujer de la que se ha enamorado, pero de la que no sabe nada.

Ahora, sobre la historia...

Lo que más me gusta de este libro es como Murakami juega con las realidades paralelas, el surrealismo puro y los elementos como el satélite Sputnik para ejemplificar el tránsito introspectivo de sus inseguros personajes.

El satélite Sputnik será la perfecta alegoría de la soledad que arrastran Sumire, el narrador y Myu:



"Y entonces lo comprendí. Habíamos sido unas magníficas compañeras de viaje, pero, en definitiva, no éramos más que dos solitarios pedazos de metal trazando su propia órbita cada una"


No puedo decir mucho más porque, habiendo hablado ya de los personajes, he transmitido lo que es en sí misma esta novela: un relato largo y melancólico de ellos tres, el narrador, Myu y Sumire. Es a través de sus dramas internos como se va desgranando la totalidad de la trama.

Tal vez no sea la más destacada de Murakami, pero si eres fan del escritor o te apetece leer algo más diferente e instrospectivo, te la recomiendo al 100%. Les dejo un último extracto de la novela:

"Unos solitarios pedazos de metal flotando en la negrura del espacio infinito  que de repente se encontraban, se cruzaban y se separaban para siempre. Sin una palabra, sin una promesa".


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