jueves, 27 de octubre de 2016

Cómo evitar crear una Mary Sue


Para los que no lo sepan, una Mary Sue es un arquetipo de personaje femenino, siempre joven, y bastante aborrecido y criticado por los lectores más experimentados. Vale, vale, corrijo: escritores con mejor gusto. Para qué nos vamos a andar con eufemismos. La Mary Sue, en términos simples, es la chica perfecta: la que es amada por más de una persona, la que tiene talentos asombrosos, la que es bella, la que siempre es valiente, fuerte, el fruto más jugoso del árbol. Hasta sus enemigos la desean.

Se suele pensar que la Mary Sue es un alter ego de la autora o la idealización femenina del autor. Un personaje tan irrealista, absurdamente genial/especial, que resulta repelente. ¿Por qué? Porque no puedes empatizar con alguien así a menos que tus ideales estén tan retorcidos como los de aquellos que inventan estos esperpentos con sangre de unicornio recorriéndoles las venas.

Así que si tu objetivo es crear un personaje redondo, bien construido, aleja este arquetipo de tus intenciones creativas, pues echarás por la borda la trama, y aunque seguramente tendrás muchos lectores que encontrarán buena la historia (quinceañeras mojabragas y adolescentes patidifusos, por lo general), otros solo te verán como un escritorcillo sin talento.




Acá algunas definiciones de una Mary Sue tomando como ejemplo a la protagonista de Crepúsculo, Isabella (Una Mary Sue por excelencia)




Todo el mundo gira en torno a ella: Así es. Si ella no estuviera, el resto de la historia no sería más que una maqueta mal hecha. Es, como dije antes, el fruto más jugoso: la guinda de la torta. Todos le prestan atención, convirtiéndose el resto de personajes secundarios en meros títeres para hacerla resaltar.





Es muy deseada: Que no les extrañe que la Mary Sue esté en medio de un triángulo amoroso. SIEMPRE es amada por más de uno. Y si no es amada, es admirada. A veces sin motivos lógicos aparentes. En la película, recuerdo que este personaje no llevaba ni medio día en el colegio cuando ya tenía la atención de tres muchachos. WTF.




Es perfecta: Tiene tan pocos defectos que, realmente, no hay mucha diferencia entre una Mary Sue y un maniquí. Y si tiene defectos, son algo así como: lindamente torpes o con tendencias a ponerse en peligro (para seguir acaparando la atención del resto) y ser rescatadas luego por sus caballeros de brillante armadura (sí, lo de brillante fue un chiste, por supuesto). Incluso se ve bien cuando está recién levantada o a punto de morir. Era que no.




Tienen un talento único y shuper especial: O más. No solo son deseadas por más de un infeliz, sino que también poseen muchas habilidades especiales. En Crepúsculo, sin razones aparentes, Bella es la única a quien Edward Cullen no puede leerle la mente. A veces, las Mary Sue también pueden hacer cosas ilógicas que nunca son explicadas por el autor: ser muy buenas con los animales, tocar muy bien un instrumento o ser la mejor en algo sin que se explique por qué.





Tienen muchos atributos inexplicables y difusos: Pueden ser muy bellas, pero ellas nunca se dan cuenta (fuck lógic). Pueden ser muy talentosas, pero nunca alardean de ello ni son arrogantes. Pueden ser muy: gamers, musicales, tener la mejor voz y ser muy lectoras, pero nunca hay una justificación para estos atributos. 

A Bella Swan la presentan como una lectora al principio de la historia, pero luego JAMÁS se la ve coger un libro o hablar de literatura con alguien (Fuck logic) Es como poner a un músico al que después nunca coge su instrumento o un dibujante que solo dibuja cuando el autor quiere que acapare la atención del resto de sus admiradores.




Destacan aunque su personalidad sea una mierda: Cabello pelirrojo, ojos amarillos intensos, palidez de geisha, un cuerpo súper espectacular aunque nunca la veamos ejercitarse. Tampoco son velludas ni van al baño ni cagan o tienen mal aliento. Vulgares jamás. Deben destacarse, aunque como personas sean francamente aburridas o superficiales. Por ejemplo, Bella era bastante insulsa y antisocial con sus nuevos compañeros, pero aún así se hizo muy popular. Llevaba menos de un día en el colegio y ya tenía varios amigos. Fuck Logic.



Exacto, Mary Sue. Entre más única y especial seas, más te odiaremos. Pero ¿cómo podemos evitar crear una o uno? (Gary Stu, en el caso de los hombres) Aquí algunos consejos, mi querido aspirante al Nobel:

1- Nadie es perfecto: Y no solo eso; a veces olemos mal, decimos groserías, envidiamos a nuestros amigos, queremos mandar todo a la mierda y, en el caso de las chicas, a veces no dan ganas de afeitarse las piernas (¿o me equivoco?) Entre más realista y hasta contradictorio sea un personaje, más complejo queda. Los mapaches somos perfectos, cierto, pero los humanos no. Están llenos de matices. Y una buena historia siempre lo será cuando sus personajes estén a la altura. No podemos empatizar con un maniquí.

Si tu protagonista, ya sea hombre o mujer, tiene un talento especial ¡pues que lo tenga! Pero justifícalo. Sherlock Holmes se pasó toda la vida deduciendo y estudiando aspectos tan complejos como los tipos de ceniza y el comportamiento de las abejas para poder ser mejor detective. Y pese a su enorme inteligencia, Sherlock no es James Bond y tiene serios problemas de adicción a ciertas sustancias. Tampoco tenía una mente ilimitada, pues el mismo reconoció que no tenía idea que la Tierra giraba alrededor del sol.

2- Todos somos protagonistas de nuestra propia historia: Una de las cosas que me cabrea de Crepúsculo, Harry Potter y El Nombre del Viento es que todo gira alrededor de sus protagonistas. Ellos siempre resaltan. Si bien en Harry Potter hay un motivo, habría sido interesante conocer más sobre otros personajes desde un punto de vista omnisciente. Aunque tengas un protagonista, también detente en los demás: dales una historia, gustos, hobbies, manías, cualidades y defectos. El protagonista no puede ser el único personaje interesante ni el mejor construido de tu historia.

3- Justifica: Nada debe pasar por qué sí. Si quieres que tu protagonista sea el mejor en algo, adelante, pero cuéntanos por qué. ¿Es el músico más prodigioso? entonces explícanos por qué y cómo aprendió. Tal vez creció en una familia de músicos o su maestro era el mejor de su época, por ejemplo.

O tal vez es muy buena en el arco porque se vio obligada a cazar para alimentar a su familia (como la protagonista de Los Juegos del Hambre) o es muy culto porque realmente estudia, lee y se interesa por aprender (Hermione Granger)

4- La belleza no lo es todo: No digo que no puedas crear personajes guapos. Pero no estés mencionándolo todo el tiempo. Ejemplo: "Anita arrancó la flor con sus perfectas y blancas manos y luego miró el cielo con sus azules y profundos ojos". Es más: entre menos estés mencionando sus características físicas, mejor. Con una sola vez basta. En Crepúsculo, la autora no deja de alabar el perfecto físico dios griego del protagonista masculino, lo que desespera.

Más importante que la belleza física, es su personalidad y desarrollo como personaje. Céntrate en eso. A menos, claro, que esa belleza sea un motor más en la historia, como ocurre en Retrato de Dorian Grey. Allí está justificado, pues la novela trata sobre la belleza perpétua de su personaje y como esto, a su vez, lo va destruyendo.

Para finalizar: no importa si tu protagonista tiene una o dos de estas características de Mary Sue. Por ejemplo, puede perfectamente ser muy bueno en algo y ser la clave para salvar al mundo, pero al mismo tiempo, tener defectos físicos, estallidos de humor repentinos y ser pésimo en las relaciones amorosas. Esto lo hará más humano y mejor personaje. Créeme.



lunes, 24 de octubre de 2016

Sputnik Mi Amor- Haruki Murakami




Lo he dicho muchas veces y lo vuelvo a repetir: soy un lector incondicional de Murakami. Me gusta casi todo lo que escribe (algunos libros más que otros), y esto tiene mucho que ver con su estilo particular, que no puedo describir, y esa tendencia de adentrarse en el pozo interior de sus personajes. Pero, especialmente, Murakami me seduce por aquel toque indiscutible de surrealismo literario que utiliza en todas sus obras, el cual maneja a la perfección.

Cada año parece que me postro con más fruición ante las obras de corte surrealista u onírica; de esas novelas que involucran al lector, que juegan con su percepción de las cosas simples y le hacen adentrarse en universos literarios más allá de toda realidad conocida. 

Tal es el motivo por el que soy un incondicional de autores como Borges, Cortázar, García Márquez con su "Cien Años de Soledad", Paul Auster, Kafka, Saramago, Bradbury, Lewis Carroll, Georges Perec, entre muchos otros.

Hoy les traigo mi reseña de una de las novelitas más cortas del popular novelista nipón (ese eterno candidato al nobel) y desde ya les digo que será una reseña muy favorable, pues Sputnik Mi Amor me ha recontraencantado.


La Historia

Arrancamos con dos personajes: el narrador (del cual nunca sabremos su nombre) y la despistada y rebelde Sumire, de quien el narrador está enamorado. Es, sin embargo, un amor no correspondido, pues Sumire parece tener solo una cosa en la cabeza: ser escritora.



Sumire es -como cabe esperar de casi todas las escritoras jóvenes- una chica extravagante, con algunas trancas emocionales y un aspecto medio desaliñado que compenetra con opiniones del mundo bastante contradictorias. Sumire se desvive absolutamente por sus aspiraciones literarias, deseosa de convertirse en la nueva "Kerouac" de las letras.

Vamos, una típica aspirante de escritora joven a la que le obsesiona el movimiento literario beatnik creado por los rebeldes y sexualmente activos Allen Ginsberg y Jack Keroac en la Norte América de los 50.

Hasta ahí todo bien, un poco cliché, pero con una introducción interesante de estos dos personajes. Todo bien hasta que entra en escena la atractiva, adinerada y enigmática Myu, y desde aquí la novela hace una voltereta, se cambia de ropa y tuerce la trama en una dirección mucho más enrevesada, lo cual la hará difícil de soltar.

Lo que ocurre es determinante para la vida de estos tres personajes: Sumire se enamora perdidamente de Myu, quien a su vez arrastra a su paso un fatal y trastocado pasado que tendrá una relevancia absoluta en el clímax de los capítulos finales.

Los personajes

Para los lectores habituales del nipón, los personajes siempre son complejos y profundos; no suelen tener una faceta de héroes, ni ser extremadamente inteligentes o poseedores de grandes particularidades físicas o intelectuales (salvando ciertas excepciones de ciertos libros) Vamos, gente común. Pero lo que los define es su evidente soledad. Murakami siempre nos habla de la soledad interna de los seres humanos. Quién quiera leer a Murakami, debe tenerlo claro: todos sus libros llevan impregnado un análisis profundo de la soledad y el desarraigo social en menor o mayor medida.

Por tanto, los personajes de Sputnik Mi Amor no se quedan atrás. De hecho, este libro derrocha melancolía y soledad en cada una de sus páginas. Tanto el narrador como Sumire y Myu están solos. Se sienten solos, perdidos y errabundos. Son inseguros y no saben muy bien lo qué hacen ni hacia donde van en realidad. Apenas tienen plena consciencia de sus sentimientos.

Son personajes sobrecogedores que están en un constante dilema consigo mismos; que se tambalean entre dos mundos paralelos y buscan algo que parecen haber perdido en algún momento. Pero qué no saben a ciencia cierta qué es.

Mi opinión del libro

Empezaré por los personajes.

Resulta que el personaje que más me ha ganado es el narrador. Ese narrador sin nombre del que a veces quisiéramos saber más cosas. Es no solo el mejor amigo de la excéntrica Sumire y al único al que ella es capaz de desnudar todas sus inseguridades y secretos (al punto de llamarlo a menudo muy tarde en la madrugada, desde cabinas telefónicas), sino también el hilo conector de todas las subs-historias que se nos van presentando en la novela. 

El narrador es un personaje humilde, pero muy racional, que a veces nos conmoverá y con el que empatizaremos todo el tiempo. En un momento, él mismo se mete en la historia y pide permiso para hablar de sí mismo:


"Voy a hablar un poco de mí.
Ya sé que esta es la historia de Sumire, no la mía.
Pero es a través de mis ojos como se presenta a un ser humano, a Sumire, y es a través de ellos como se desgrana su historia, así que me parece hasta cierto punto necesario explicar quien soy"

Me gusta esta parte porque nos hace conectar de inmediato. Nos recuerda que todos las historias tienen un narrador. Porque omnisciente o no, el narrador es quien teje las palabras, dándoles sentido y propósito. En este caso, el narrador es un personaje tan complejo como Sumire y Myu. Y el yugo de su existencia es amar a Sumire sabiendo que jamás será correspondido.

Después del narrador, quién más me gusta es Myu, esa mujer misteriosa, dueña de una empresa de vinos, de quien se enamora Sumire. Me gustó sobre todo el impresionante trasfondo del personaje. Un trasfondo que no voy a destripar aquí, pero que es para dejar a cualquiera con la boca abierta. Vaya historia carga Myu sus espaldas. 

Y por último, Sumire. Me ha caído muy bien Sumire, aunque me resulta algo más predecible su desarrollo, lo que no quiere decir que sea malo. Se palpa el desarrollo del personaje a lo largo de la trama, llegando a ser capaz de ir dejándolo todo atrás -incluso su mayor sueño-, por irse con aquella mujer de la que se ha enamorado, pero de la que no sabe nada.

Ahora, sobre la historia...

Lo que más me gusta de este libro es como Murakami juega con las realidades paralelas, el surrealismo puro y los elementos como el satélite Sputnik para ejemplificar el tránsito introspectivo de sus inseguros personajes.

El satélite Sputnik será la perfecta alegoría de la soledad que arrastran Sumire, el narrador y Myu:



"Y entonces lo comprendí. Habíamos sido unas magníficas compañeras de viaje, pero, en definitiva, no éramos más que dos solitarios pedazos de metal trazando su propia órbita cada una"


No puedo decir mucho más porque, habiendo hablado ya de los personajes, he transmitido lo que es en sí misma esta novela: un relato largo y melancólico de ellos tres, el narrador, Myu y Sumire. Es a través de sus dramas internos como se va desgranando la totalidad de la trama.

Tal vez no sea la más destacada de Murakami, pero si eres fan del escritor o te apetece leer algo más diferente e instrospectivo, te la recomiendo al 100%. Les dejo un último extracto de la novela:

"Unos solitarios pedazos de metal flotando en la negrura del espacio infinito  que de repente se encontraban, se cruzaban y se separaban para siempre. Sin una palabra, sin una promesa".


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