lunes, 29 de abril de 2013

Sobre cómo Roberto Bolaño me cambió la vida

 
 En un día como hoy, nació Roberto Bolaño. Por supuesto, no refiero al actor que interpretó al Chavo del 8. Y tampoco pretendo con esta entrada hablar sobre la maravillosa prosa y obra de este escritor porque siempre he tenido la impresión de que Bolaño no es un escritor para recomendar; no es ese tipo de escritor que les gusta a todos. A Bolaño hay que descubrirlo. Hay que asimilarlo. Adentrarse en su mundo es como probar por primera vez el vino, y si te haces adicto al "vino de su prosa", ya estás completamente bolañizado.
 
Pero mi relación con Bolaño es especial.
 
Por aquellos días la mayor parte de lo que leía, escuchaba, veía y pensaba tenía el sabor de la mierda seca. Fue una época algo tormentosa de mi juventud. No tenía ganas de nada. Todas mis aspiraciones me parecían vacías y el mundo demasiado hipócrita me daba rabia. Más de lo normal.
 
Mis días autistas parecían estar al borde de la fase más oscura: la desesperación. Y entonces, una tarde, caminando por las calles de esta ciudad inasible y engañosa llamada Santiago, entré a una librería para relajarme. Quería comprar un libro específico, recuerdo, pero no recuerdo qué libro era. Quizá nunca lo recuerde.
 
Y entonces allí estaba aquel muchacho de chaqueta de cuero roja con su mirada absorta; absorta en un libro de cubierta roja.
 
"No tengo dinero" suspiró con una sonrisa cuando me pilló intentando leer el título de la portada. Los detectives salvajes, se llamaba.
 
"¿Es bueno?" le pregunté.
 
"Tan bueno que muchos lo odian a muerte" me dijo él.
 
Charlamos un rato y luego se fue. Miré los títulos del escritor y elegí comprar el más barato: un libro de cuentos titulado "Llamadas Telefónicas". Con el libro en mano, partí derechito a la plaza a comprobar por mí misma por qué aquel escritor de culto había conquistado a tantos lectores.
 
Fue amor a primera vista. O a primera leída.
 
Eran los cuentos más originales que había leído nunca. Quizá solo Cortázar o Chéjov lo igualaban. Pero Bolaño no escribe como Cortázar ni como Chéjov. Su prosa tiene una impronta única, que no sigue las reglas de la literatura ni mucho menos del cuento definido como tal.
 
Leer un cuento de Bolaño fue para mí como leer una pequeña novela. O un estracto íntimo de la vida de alguien.
 
Y con Bolaño me sucede una cosa extraña: no me importa qué historia me va a contar ya que son sus personajes los que me hipnotizan. Los personajes de Bolaño, que podrían ser cualquiera de nosotros, tienen ese no sé qué que hace que quieras saber todo de ellos.
 
Mi relación con Bolaño es especial. Un poco platónico o un poco de todo. Ya no soy el mismo que era antes de leerle. Bolaño es para mí el escritor maldito más bendito de Latinoamérica. Y si hay un lugar que sabe sobre escritores malditos, ese es el continente Americano.
 
Gracias, Roberto.
 

 

 

 
LOS PERROS ROMÁNTICOS

En aquel tiempo yo tenía veinte años
y estaba loco.
Había perdido un país
pero había ganado un sueño.
Y si tenía ese sueño
lo demás no importaba.
Ni trabajar ni rezar
ni estudiar en la madrugada
junto a los perros románticos.
Y el sueño vivía en el espacio de mi espíritu.
Una habitación de madera,
en penumbras,
en uno de los pulmones del trópico.
Y a veces me volvía dentro de mí
y visitaba el sueño: estatua eternizada
en pensamientos líquidos,
un gusano blanco retorciéndose
en el amor.
Un amor desbocado.
Un sueño dentro de otro sueño.
Y la pesadilla me decía: crecerás.
Dejarás atrás las imágenes del dolor y del laberinto
y olvidarás.
Pero en aquel tiempo crecer hubiera sido un crimen.
Estoy aquí, dije, con los perros románticos
Y aquí me voy a quedar.



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viernes, 26 de abril de 2013

Bonsai - Alejandro Zambra


Dije hace un tiempo que empezaría a publicar reseñas de novelas cortas. Comencé con "El Baile", de Irene Nemirovsky, luego con "El Cuaderno Rojo", de Paul Auster, y hoy les traigo mi apreciación sobre esta pequeña y original historia. Una historia sobre la soledad, los libros... y un Bonsai.



Bonsai es la primera novela publicada por Alejandro Zambra, un joven novelista chileno que a mí no me sonaba de nada. Sin embargo, algo en la portada -quizá porque fuera de anagrama, editorial que siempre es para mí sinónimo de calidad- o el mero título, tan simple, pero efectivo, logró capturar mi atención. 

La novela empieza así:


Al final ella muere y él se queda solo, aunque en realidad se había quedado solo varios años antes de la muerte de ella, de Emilia. Pongamos que ella se llamaba o se llamaba Emilia y que él se llama, se llamaba y se sigue llamando Julio. Julio y Emilia. Al final Emilia muere y Julio no muere. El resto es literatura:



Soy de esos lectores a quienes les atrae bastante el tipo de historias que comienzan contándote el final, como el Túnel, de Sábato. Hay algo intrigante en eso; un plus definitivo que hace que quieras seguir leyendo. Dices... "¡Eh! ¿Por qué pasó eso? ¿Cómo es que llegó a ocurrir tal cosa?".

En este caso, Bonsai extendió sus ramas invisibles y no dejó que despegara mis ojos de sus páginas hasta que acabé de zamparme toda la historia. No tardé más de dos horas. Quizá menos. Es una novela que transcurre en 94 páginas y ya ni siquiera sé si es realmente una novela. No parece ni novela ni cuento. La experiencia ha sido extraña.

Tan extraña que incluso me resulta difícil hablar de la historia, porque es como si la historia hubiera decidido jugar con mis sentidos, embotándome. ¿Mi opinión? Pues que he quedado encantado. Muy satisfecho, en realidad. Pero como esto es una reseña voy a intentar explicar un poco de qué va este libro.


La historia gira en torno a dos personajes indefinibles: Julio y Emilia. Ambos, estudiantes de literatura, viven un romance muy intenso y luego, por azares del destino, se separan. También resulta que Julio y Emilia se mienten mutuamente para dejar fascinado al otro, y eso solo el lector llega a saberlo.

Pero, se preguntarán... ¿por qué Bonsai? Pues porque años después, mientras Julio vive su solitaria existencia intentando entender qué fue lo que perdió, recuerda que mientras estuvo con Emilia, ambos habían decidido cuidar de una plantita. "Si la plantita muere, es porque nuestro amor no es tan fuerte", le había dicho ella. 

Y Julio, ahora solo y atrapado en el pasado, decide que dedicará sus días a ver crecer un bonsai, el que cuidará con un esmero casi obsesivo al tiempo que escribe un libro. Solo que él apenas es consciente de que la historia que ha decidido escribir -inspirada por un escritor al que conoció- es su propia historia, pero con los nombres de los personajes cambiados. Asistimos entonces a la soledad de Julio mientras Emilia, como un fantasma, va apareciendo de tanto en tanto como un mero recuerdo.

Un recuerdo que a veces resulta amargo.

El libro me ha gustado bastante. Tal vez porque el enfoque me pareció muy original o porque los personajes resultan entrañables a su manera. Ambiguos y entrañables. La historia en sí misma es como un suspiro; un retazo. Delicada y frágil también. Tan frágil como lo es un Bonsai. Y cuando llegas al final sientes como si el autor te hubiera ocultado lo más importante. Me sigo preguntando qué es. 

Acerca del estilo, es un estilo simple, aunque poético a su manera. Con una profundidad extraña y siniestramente conmovedora, por lo que no puedo asegurar que sea una historia que vaya a gustar a todo el mundo. Claramente, no es para bet seller.

Y es que el autor no me parece que haya escrito esta historia con la idea de impresionar a nadie, lo cual es una cosa muy interesante. Como ya dije antes, ni siquiera sé si considerar a Bonsai una novela corta o un cuento largo. Recomendado queda, de todas formas. Habrá algunos a quienes les guste y otros a quienes no. Pero a mí me ha parecido una pequeña joyita y pretendo leer más cosas que haya publicado este autor.


Curiosidades: el año pasado, el director de cine Cristián Jiménez llevó la historia de Bonsai al cine. Me he visto la peli y he quedado muy satisfecho. Realmente merece la pena verla. Aunque, por supuesto, no es para amantes de la ciencia ficción y la acción.




 Valoración:

Muy Bueno

Palabra para describirlo:

Soledad

jueves, 25 de abril de 2013

Pequeños placeres literarios (y no tan literarios)

Fotografía de Kristýna Hladíková

Todos los lectores -la mayoría de nosotros- tenemos ciertos vicios y caprichos con respecto al acto de leer. Para mí, esos caprichos son ciertamente indispensables; le dan juego a mi pasión. Y no solo transforman mis lecturas en un encuentro mucho más íntimo y divertido, sino que también hacen "literaria" mi forma de transitar la vida. Placeres nimios. Vicios inevitables. 

En mi caso, son los siguientes:

  • Planear lecturas específicas para el invierno.
  • O el verano.
  • Tener algo a mano que beber. Muchas veces, las páginas de mis pobres libros acabarán con la huella de este vicio.
  • Subrayar las frases que me gustan. Vicio no compartido por muchos. Pero a mí sencillamente me encanta reencontrarme con esas frases subrayadas cada vez que vuelvo a releer un libro.
  • Oler el dichoso libro.
  • Seleccionar la música para cada lectura.
  • Leer en el autobús, pero en el asiento del fondo.
  • Leer en la Universidad y no sentirme culpable por no atender la clase.
  • Quedarme absorta en una frase o párrafo que me pilló por sorpresa y querer comentarlo luego con alguien.
  • Meter más de un libro en mi bolso, a pesar de saber que quizá no tendré el tiempo ni la oportunidad de leerlos.
  • Terminar un libro y empezar inmediatamente otro.
  • Dejarme enamorar por un personaje y olvidar que no existe en la realidad.
  • Leer acurrucada en un sillón, preferentemente acompañada por algún animal felino de estómago cálido.
  • Volver a dejarme seducir por un libro que ya había leído antes. Esta vez, descubriendo detalles asombrosos que antes pasé por alto.
  • Dedicar una tarde entera solo para leer.
  • O desvelarme leyendo. Mis posteriores ojeras serán motivo de orgullo.
  • Leer en voz alta.
  • Identificarme con un personaje y no poder sacarlo de mi mente durante el tiempo que dura la lectura de su historia. A veces, este personaje se quedará para siempre conmigo.
  • Leer un libro infantil y emocionarte.
  • Leer el libro y solo después ver su adaptación audiovisual.
  • Inspirarme con la lectura.
  • Contemplar mi biblioteca personal como si de una exposición de arte se tratara.
  • Abrir un libro al azar y leer la página que apareció, buscando la respuesta a una pregunta jamás formulada.
  • Leer y sentir que no estoy solo/a.
  • Simplemente... leer.


Sí, he vuelto al blog =) Gracias por sus comentarios y su paciencia! De ahora en adelante pretendo publicar con bastante asiduidad. Hay muchos libros de los que quiero hablar. Muchos temas que comentar. Muchas películas e ilustradores que recomendar.

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