domingo, 18 de diciembre de 2011

Lo que quieren leer los niños




Por alguna razón, siempre que se habla de literatura infantil a mucha gente le da por pensar en esas historias con enseñanzas clásicas y finales felices. 

El mejor ejemplo es Blanca Nieves. La dulce muchacha que nunca deja de ser buena, dulce y amable a pesar de todas sus desgracias. Al final, y como suele ocurrir, termina quedándose con el apuesto príncipe, la bruja malvada es derrotada y todos viven felices por siempre.

Sin embargo… ¿Qué tan positivo es esto para los pequeños lectores que se adentran en la literatura? ¿Les entregamos una historia irrealista en la cual los protagonistas son absolutamente morales o una historia con la que puedan identificarse?

Y la cuestión que me planteo ahora es la siguiente: al parecer, muchos padres y educadores anteponen la enseñanza a la diversión. Olvidan que los niños son más listos de lo que creen y que, al entregarles libros donde la enseñanza y la moraleja es demasiado evidente (o un libro clásico como el Cid Campeador o Don Quijote), están dando un mal paso.

Puede que hagan que el niño odie la lectura, lo que ocurre muy a menudo cuando estos se ven "forzados" a leer historias que no son de su gusto. Entonces la encontrarán vomitiva y aburrida, y luego pensarán que toda la literatura no es más que un amasijo de frases difíciles y diálogos insufribles. De hecho, yo mismo conozco profesores de castellano a los que no les interesa que los alumnos pasen un buen rato leyendo ¡Ellos sólo quieren educarlos! ¡Quieren mostrarle a través de las páginas lo que pasa cuando desobedecen a sus padres o no se comen toda la comida!

Sin embargo, a los niños de hoy, esos niños que conocen el computador y el televisor mejor que tú, no les interesan los libros educadores. No les interesa el concepto filosófico detrás de la historia ni la bella y sutil prosa de Cervantes. Ellos quieren aventurarse en universo en el que puedan vivir la historia como si la protagonizaran ellos mismos. Desean leer la aventura de hombres que matan dragones, de corsarios que descubren tesoros y de niños que un día descubren un mundo alucinante detrás de un viejo armario.

Pero a algunos padres les preocupa la violencia.

A ese padre yo le digo… ¡Por favor! Si no quieres que tu hijo lea historias que tienen violencia, entonces prohíbele ver las noticias y leer los periódicos. Prohíbele hacer deporte (no sea que se rompa un hueso) y no dejes que sepa nada de la historia de su país. De hecho ni siquiera le permitas salir de casa: críalo en una burbuja de mimos y amor, como a la niña que está acurrucada dentro de la botella en la imagen de arriba, inconsciente de la realidad del mundo, aferrada a moralismos que no existen y una falsa sensación de protección.

Pero luego no te quejes si tu hijo o hija no es capaz de enfrentar el mundo real cuando sea mayor.

Si quieres que los niños disfruten la lectura, entrégales lo que a ellos les gusta. Déjalos soñar y  hacerles creer que son los héroes de su propia historia. Ellos te lo agradecerán y luego, cuando sean mayores, querrán adentrarse en todo tipo de literatura. Su vocabulario será bueno y su capacidad de enfrentar al mundo y empatizar con los demás ascenderá a niveles asombrosos.

Déjalos leer las historias de aventuras peligrosas que tanto le gustan. Al fin y al cabo los libros son vida.

Y la vida no es un espiral color de rosa: es un laberinto lleno de emociones.

1 comentario:

  1. Y lo peor de todo es que cuando creces los padres te dicen "madura ya eres grande no puedes ser tan pavo(a)" entre otras frases ^^'

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